Capítulo 28

IRONÍA-HUMOR

En este capítulo nos ocuparemos de las negociaciones de la comunicación que tocan los extremos de la coherencia y de la racionalidad. Son transposiciones de significado que generan un nuevo contexto.

Los términos con que proponemos este análisis coinciden en tanto que ambos ofrecen una solución hilarante a la interacción humana.

El diccionario los define así:

Ironía: Burla fina y disimulada. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.

Humor: Cualquiera de los líquidos del cuerpo animal. Buena disposición en que uno se halla para hacer una cosa. Genio, índole, condición. Jovialidad, agudeza.

Observamos que la ironía posee un área conceptual reducida. Realiza una formulación verbal que se opone al sentido al que alude. Su empleo en la literatura y en la oratoria permite el vuelo intelectual, poético y retórico con que juegan las ideas. La expresión literaria se enriquece con las distintas vertientes de significado que dan lugar a varias lecturas. La ironía trasciende la superficie y se impregna de otros matices e intenciones.

La realidad es, sucede. Lo que varía es el modo en que cada persona la entiende.

Lo que perturba a los hombres no son precisamente las cosas, sino la opinión que de ellas se forman. 1

El Manual de Epícteto ha sido traducido en verso por Francisco de Quevedo y Villegas. Ésta es la versión correspondiente al fragmento de referencia:

No son las cosas mismas las que al hombre
alborotan y le espantan
sino las opiniones engañosas
que tiene el hombre de las mismas cosas.

Siempre contamos con la posibilidad de forzar el sentido unívoco con que se nos presenta la realidad. Podemos darnos permiso para mirarla de otro modo.

La ironía puede dirigirse hacia uno mismo o hacia una circunstancia en la que el autor de la broma acepta ser sujeto y objeto de la risa, se incluye. Esta situación puede ser ridícula, inesperada, degradante, hasta caótica. En estos casos se trata de una conducta motivada por el humor, que desde las persona misma, resuelve jocosamente algún suceso o experiencia poco feliz, o el quiebre de un orden dado.

Cuando, por el contrario, la ironía está dirigida a otro -ya en privado, ya en un marco social- puede convertirse en un maltrato, un caso de abuso, que reviste violencia aunque no haya daño físico, si esconde una intención agresiva.

El abuso verbal puede ser abierto (explosiones de ira y epítetos insultantes) o encubierto (muy, muy sutil, como un lavado de cerebro). (…) Es manipulador y controlador. (…) Es insidioso,(…) desconsiderado, (…) irrespetuoso, (…) impredecible (…) es el mayor problema en la relación. 2

Estamos frente a una dinámica vincular que encubre la denigración, que condena y emite juicios sobre las personas, bajo el disfraz del sentido del humor, de la expresión cortés y elegante… Estamos frente a un hábito que se encuadra en el maltrato.

La ironía funciona como un proyectil cuyo blanco es nada menos que la dignidad de la persona del destinatario, pero se resguarda bajo las normas de la buena convivencia (-Por qué te ofendés,- No tenés sentido del humor; – Estás muy susceptible, -¡Yo no dije nada de malo!; -¡En ningún momento te insulté!).

No es ocioso insistir en la gravedad del daño que ejerce la ironía. Desentrañar las causas y desarticular su impacto destructivo constituye una clave para transformar las relaciones interpersonales.

Dominique Noguez señala:

Humor es amor. Ironía es desprecio.

Muchos son los autores que reflexionan sobre la importante diferencia que existe entre el humor y la ironía.

Dice Soeren Kierkegard:

Porque el humor advierte sobre un dolor oculto, incluye también una simpatía de que la ironía carece.

Rainer María Rilke destaca la mezquindad de perspectiva que entraña la ironía:

Alcanzar las profundidades: la ironía no desciende allí.

En la cita anterior, Rilke refiere a la grandeza y dignidad espiritual a la que no tiene acceso la miserable intención presente en la ironía. Los seres humanos habitamos en medio de las paradojas del misterio, entre nuestras concreciones y fracasos, y el impulso hacia lo anhelado. Estamos imantados hacia la trascendencia. Inmersos en esta multiplicidad de sentido que es la vida, nos encontramos con nuestra propia nada, padecemos el vacío, hasta descubrir en él el germen de los dones, talentos y virtudes de nuestro Ser Esencial.

Dada nuestra condición de vulnerabilidad, todos nos merecemos ser respetados. En el límite, entre la carencia y la abundancia, entre la frustración y el acierto, existe una llave maestra que abre todos los cofres y que nos permite iniciar el juego: el humor. Podemos extrañar la mirada, entrecerrar los ojos, vislumbrar un sesgo diferente, que siempre amplía la conciencia.

A lo largo de la vida caemos una y otra vez en vivencias de miseria y desolación. En muchas ocasiones el dolor es inexorable. Sin embargo podemos evitar el sufrimiento, es decir: no ceder a la autocompasión y estar abiertos y creativos, aún dentro de los mayores infortunios. Recordemos que el humor siempre aporta un aire fresco, una sonrisa que aligera la carga, que impulsa a un nuevo intento y nos convoca a la esperanza.

El humor puede hacernos reír de todo, a condición de reírnos primero de nosotros mismos. (…) El humor ayuda a vivir, el humor libera (…) no sólo está al servicio de la humildad, (…) transmuta la tristeza en alegría, la desilusión en comicidad, la desesperanza en gozo3

En palabras de Freud:

El humor tiene algo que libera, y también algo de sublime y elevado.

En un creativo y esforzado Trabajo Interior no puede faltar el humor para acompañarnos en el proceso del vivir consciente.

Dijo Woody Allen:

– Lo único que lamento es no ser otra persona.
– No me merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco me la merezco 4

Existe un humor rudimentario y vulgar que hasta puede revestirse de malicia: elige reírse de otros y no hace otra cosa que dar cuenta de la ignorancia e irracionalidad de quien lo utiliza.

Otro humor, al que podríamos llamar verdadero, es el resultado de quien ha tomado distancia de sí mismo y de la realidad. Desde el desapego, ha dejado de identificarse con el hecho dramático y puede incluso reírse de él. Este humor es fruto de sabiduría.

No podríamos abordar este tema sin hacer mención del trabajo que Henri Bergson realizó en su ensayo sobre La Risa. Expresa que el humor sensibiliza lo absurdo a partir de un contraste intelectual. El autor, repetidas veces, se refiere a la risa como un misterio que caracteriza al ser humano (homo ridens). La risa es un emergente que siempre remite a un marco social: aunque la situación irrisoria suceda en soledad, intentaremos compartirla y reírnos con otros.

Continuando con el pensamiento del autor, lo sorpresivo, lo desmesurado, lo contrastante, lo inesperado, lo ridículo, lo disparatado son circunstancias que devienen en risa. Tensión y elasticidad son las fuerzas complementarias que sostienen la expresión del humor.

Al finalizar su ensayo sobre La Risa, Bergson manifiesta:

No sólo quise determinar los procedimientos de fabricación de lo cómico, sino indagar el fin que la sociedad persigue con la risa, porque es extraño que el hombre ría y el método de explicación (…) no esclarece este pequeño misterio.
Necesariamente ha de haber en la causa de lo cómico algo ligeramente subversivo (y específicamente subversivo) ya que la sociedad responde a esa causa por un gesto que infunde algún temor. Todo esto he querido explicar.


1 Manual de Epícteto
2 El abuso verbal – la violencia negada – Patricia Evans – Javier Vergara Editor
3 André Comte-Sponville
4 Al recibir el premio Príncipe de Asturias, en el año 2002, citó la frase de un viejo cómico cuyo nombre desconocemos.

Etiquetas de capítulos: Inés Oliveros, Que decimos cuando hablamos, Signo vital ediciones
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